Hoy me he sentado con un café en la mano, en el mismo sitio donde hace más de una década sólo había escombros y hierba crecida, y he pensado: ya es hora de contar esto.
Este no va a ser el blog corporativo de una empresa más. Va a ser mi cuaderno. El sitio donde voy a ir dejando lo que pasa aquí dentro: los tejados que recuperamos pieza a pieza, la piedra que aparece debajo del enlucido cuando menos lo esperas, la primera cosecha del huerto, la antigüedad que llega de algún rincón del mundo y encuentra su lugar exacto en una sala. También las dudas, los tropiezos, los días en que la restauración pesa más que ilusiona.
En 2010 esta Hacienda del siglo XVI, antigua propiedad del Marqués de Navasequilla, estaba olvidada a su suerte. Nosotros vimos algo distinto donde otros sólo vieron maleza y ruina. Desde entonces no hemos dejado de trabajar, con las manos y con la cabeza, para que San Ricardo volviera a respirar.
Quiero que este diario sea el hilo que una todo eso con quien nos lea: los que vendréis a una boda, los que buscáis un taller de un fin de semana, los que simplemente sentís curiosidad por un patrimonio que se negó a desaparecer.
Empezamos.